El oficialismo conserva la ventaja rumbo a las elecciones de 2027, pero las encuestas revelan una paradoja: Morena mantiene prácticamente intacta su intención de voto mientras su rechazo crece. PAN, PRI y MC avanzan, aunque todavía no logran convertir el descontento ciudadano en una alternativa unificada.
A unas horas del arranque formal del proceso electoral 2026-2027, la fotografía política comienza a cambiar. Morena sigue arriba, sí, pero ya no aparece como una fuerza políticamente intocable. Frente a ella emerge una oposición que recupera terreno, aunque continúa atrapada en su principal problema: la fragmentación.
Las mediciones nacionales de Mitofsky y Buendía & Márquez muestran un escenario que, lejos de estar resuelto, comienza a abrir preguntas incómodas para todos los partidos.
En la encuesta de Mitofsky, Morena registra 33.4% de preferencia, prácticamente igual que el 33.5% de hace un año. El dato parece tranquilizador para el partido gobernante, pero hay otro que resulta mucho más revelador: su imagen positiva cayó de 56% a 49%, mientras su opinión negativa aumentó de 23.9% a 34.9%.
Es decir, Morena no pierde todavía la preferencia electoral, pero sí está acumulando desgaste entre los ciudadanos.
Y ahí aparece una de las claves de la elección de 2027: mientras el partido permanece prácticamente en el mismo nivel, sus adversarios comienzan a crecer.
PAN, PRI y Movimiento Ciudadano suman actualmente 35% de las preferencias, frente al 26% que registraban en conjunto un año atrás. El PAN es el que más avanza, al pasar de 10.4% a 14.8%; el PRI sube de 7.3% a 10.4%, y MC pasa de 7.8% a 9.8%.
Pero tampoco hay demasiado espacio para triunfalismos opositores.
La encuesta de Buendía & Márquez coloca a Morena con 35%, frente a 11% del PAN, 9% del PRI y 9% de Movimiento Ciudadano. Ninguno de estos tres partidos logra despegarse con suficiente claridad para reclamar el segundo lugar.
La lectura política es evidente: hay oposición, pero todavía no hay una oposición articulada.
El dato adquiere mayor relevancia cuando se observa que 43% de los ciudadanos considera que México va por mal o muy mal camino, mientras 41% piensa que va por buen o muy buen camino. Existe, por tanto, un sector importante de la población inconforme con el rumbo del país.
El problema para PAN, PRI y MC es que ese descontento todavía no se transforma automáticamente en votos opositores.
De hecho, la propia encuesta muestra que Morena continúa siendo el partido mejor evaluado, con un balance positivo de +27 puntos, mientras PAN y PRI arrastran balances negativos de -27 y -39, respectivamente.
Ahí está la contradicción que podría definir la contienda: hay señales de desgaste del oficialismo, pero también persiste una percepción negativa hacia buena parte de quienes pretenden sustituirlo.
Para Morena, el reto será evitar que el crecimiento del rechazo termine convirtiéndose en una fuga electoral. Para la oposición, el desafío será mucho mayor: convencer a un electorado inconforme de que existe una alternativa viable y, sobre todo, dejar de competir entre sí.
En este tablero, el voto que antes permanecía indefinido comienza a moverse. Mitofsky reporta que quienes no declaraban preferencia pasaron de 34.9% a 19.4% en un año. Ese electorado comienza a tomar posición y, en esta medición, una parte importante del movimiento favorece a la oposición.
Por ahora, Morena sigue teniendo la ventaja y sus aliados fortalecen el bloque oficialista, pero la elección está lejos de estar escrita.
El 2027 comienza con una paradoja: el partido en el poder conserva la cima, pero empieza a acumular desgaste; la oposición recupera terreno, pero continúa sin encontrar una ruta común.
La pregunta ya no es únicamente quién está arriba.
La verdadera pregunta es quién será capaz de convertir la inconformidad, el voto indeciso y el desgaste político en una estructura electoral capaz de ganar.
Y esa carrera apenas comienza.





